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 ..... ALGO MÁS QUE PALABRAS  .....
     
 

Víctor Corcoba Herrero
Escritor-Poeta
corcoba@telefonica.net

 
     
 
UNIENDO CORAZONES
 
     
 


           
            Ante tantas trágicas realidades que nos circundan, debemos unir nuestros corazones, pues nadie puede lavarse las manos ante nada si no quiere ser cómplice. Precisamente, si hoy triunfa tanto la falsedad, es por ese espíritu de complots, puesto que la verdad siempre triunfa por sí misma. Fruto de esa autenticidad humana, nace la unión, que es la que nos hace fuertes. A los hechos me remito. Si Irán está sujeto al régimen de verificación nuclear más estricto del mundo, es debido a un Plan de Acción Integral Conjunto, lo cual representa un logro significativo en materia de control. Es notorio que no hay otra manera de avanzar armónicamente que sumando fuerzas. No es de recibo, entonces, mirar hacia otra parte y expresar nuestra ignorancia o nuestra inocencia. Está visto, que todos podemos hacer mucho más por todos, a poco que lo intentemos, y salgamos de nuestra hipocresía, afrontando multitud de problemas que son comunes y cuya solución ha de ser global.

            Yo creo que el mundo ha de universalizar los compromisos para la construcción de una sociedad pacífica, orientada a la libertad, a la justicia y a la solidaridad. Nos hemos globalizado, pero ahora nos falta ese coraje vinculado de hacer mundo, conviviendo más y mejor, desde el respeto más íntegro hacia cualquier ser vivo. También la cobardía es un consentimiento que no podemos admitir. No olvidemos que estamos llamados a ser ciudadanos de alma, con lo que esto supone, para nuestra hoja de servicios en este paso por el planeta, de auxilio permanente y de guardia constante. Para ilustrar esta lucha, sólo habría que pensar en los  más de 40 millones de personas, hombres, pero sobre todo mujeres y niños, que sufren la esclavitud. O en la multitud de aves migratorias a las que les hemos usurpado sus propios corredores aéreos y sus hábitats, por esa falta de cooperación a nivel internacional. Con demasiada frecuencia, olvidamos que nuestra identidad cultural como especie pensante, está profundamente arraigada a nuestro entorno biológico.

            Ante estas situaciones que nos fragmentan, hemos de pensar en cómo hemos de transformar el mundo. Aun nos hacen falta derribar muchas barreras raciales. La desigualdad entre géneros tampoco ha disminuido. Pensemos que lo único que nos da solidez son las pruebas de amor, entendidas éstas, como actos de generosidad que todos, al fin necesitamos, cuando menos para ser felices, pues únicamente podemos serlo, al descubrir  en el otro nuestra propia placidez. De ahí, lo importante que es una prosperidad mundial que no deje a nadie atrás. Indudablemente, hacen falta otras políticas proactivas de mayor apertura de horizontes, capaces de ensamblarnos y no de enfrentarnos, esto último como viene sucediendo.

..............Por eso, es fundamental que la comunidad internacional, con sus líderes a la cabeza, incorporen a la vía diplomática del diálogo, un nuevo entusiasmo capaz de aglutinar todas las voces. Pactar con el corazón y la mente es el más níveo de los compromisos. Dejemos, por tanto, que la humanidad se aliente a sí misma y por si misma. Ojalá hallemos el aguante necesario y la paciencia debida, para no caer en ese afán dominador o en esa imagen social de acaudalado. Como decía Madre Teresa de Calcuta (1910-1997), misionera de origen albanés naturalizada india, “el que no vive para servir, no sirve para vivir”. ¡Qué gran axioma!
           

 
 
Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
9 de mayo de 2018
 
     
  UNA GENERACIÓN DESPREOCUPADA  
     
 

       

               Somos un pozo de contrariedades. Nos importa nada tener comportamientos desastrosos. Andamos escasos de humanidad y de conciencia. Sabemos que la contaminación del aire provoca siete millones de fallecimientos cada año, y apenas mostramos preocupación alguna efectiva. Hemos entrado en el estado de la pasividad. En lugar de unirnos para aminorar que los seres humanos dejen de degradar su propio hábitat, no sigan desnudando la tierra de sus mantos verdes, o continúen activando los agentes contaminantes por los suelos, el aire o las aguas, mostramos divisiones, enfrentándonos con actitudes irresponsables. Por tanto, urge una voluntad de compromiso que ha de globalizarse para que todos los continentes activen otro espíritu más respetuoso con el entorno, empezando por otros modelos de producción y de consumo más éticos.

Sin duda, hoy más que nunca es menester alcanzar acuerdos conjuntos sobre la adopción de medidas para abordar problemas medioambientales urgentes. Ahí están los millones de toneladas de basura que acaban cada año en nuestros océanos, convirtiéndolos en gigantescos vertederos. Este fenómeno destructor es algo muy serio, pues no solo resulta anti-estético, sino que también provoca inconvenientes en temas de salud, aparte de otras cuestiones adyacentes como las económicas.

               La despreocupación es tan evidente que la misma naturaleza, en ocasiones,  nos responde de manera catastrófica. Por cierto, el inolvidable médico español, Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), solía decir al respecto, que: “sus crueldades representan la venganza contra nuestra indiferencia”. La cuestión es tan grave, que en los centros de enseñanza y en las familias, concienciadas estas últimas a través de las escuelas de padres o mediante campañas en medios de comunicación, es donde hay que aprender a reutilizar y a reciclar, para contrarrestar esta cultura actual que derrocha y contamina sin miramientos, porque no entiende de moderar el dispendio, y aún lo que es peor, de activar otras energías más limpias y renovables.

................Para desgracia nuestra, no solemos pasar de las palabras. Es lo más fácil, lo difícil es entrar en acción, con un estilo de vida diferente al actual. Lo mismo sucede con la cuestión del agua potable (un derecho natural básico), que puede llegar a convertirse en una de las principales guerras de este siglo, pues mientras en unas regiones hay abundante líquido en otras escasea, en parte por nuestros agentes contaminantes. Olvidamos, con demasiada frecuencia, que los recursos del planeta son escasos y están para compartirlos.

..................En consecuencia, es hora de preocuparse mucho más por lo que nos rodea. A propósito, tenemos constancia que más del 90% de las muertes relacionadas con la contaminación atmosférica se producen en países de ingresos bajos y medios, especialmente en Asia y África, seguidos por los de la región del Mediterráneo oriental, Europa y las Américas, lo que nos exige, para empezar, otro espíritu más cooperante, puesto que todo está interconectado y correlacionado. Me parece oportuno, luego, incentivar la educación y el conocimiento hacia ese mundo natural, que a todos nos pertenece por igual, y que ha de estar orientado sobre todo a sensibilizarnos sobre la necesidad de proteger el medio ambiente; nuestra propia casa común, lo que nos requiere de una solidaridad universal renovada, si en verdad queremos que no prosiga deteriorándose la calidad de la vida humana. 

...................Pensemos que la vida no puede privatizarse, está con todos los seres vivos, tampoco el medio ambiente, es patrimonio de todos y responsabilidad de la especie pensante, y más pronto que tarde debe reconducirse hacia unos lazos de integración y respeto, algo que irá en beneficio de todo el linaje. Ojalá aprendamos a vivir para dar savia, no para negar existencias; sin obviar que somos energía y voluntad, pero también confluencia de naturaleza armónica con los espacios.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
2 de mayo de 2018.
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  HAY QUE LEVANTARSE SIEMPRE  
     
 

                            Tenemos que mejorar los cimientos éticos, luego es menester levantarse siempre, a pesar de las dificultades que muchas veces nosotros mismos generamos, con actitudes indecentes y salvajes. Hay quien dice que el auténtico avance humano radica, precisamente, en ese empuje moral, que es el que nos humaniza. Quizás tengamos que tomar conciencia y aprender a correspondernos más y mejor con ese mundo laboral, y por ende, despojarnos de todo egoísmo, para activar un sentir responsable social y corporativo, como especie hermanada y pensante. Por ello, el deber de dignificarnos es primordial y hemos de hacerlo sin exclusiones, con un trabajo decente, lo que conlleva un salario digno, unas condiciones laborales justas y un quehacer humanizado, capaz de realizarnos como personas, y que ha de estar por encima del capital, del beneficio y del mercado.

               En efecto, hay que promover una salida de este estado salvaje, sin honestidad alguna, para dar paso a otro mundo más civilizado, en comunión con la vida, donde cada cual pueda sentirse reencontrado con su análogo, y no enfrentado. Por desgracia, las políticas hace tiempo que han perdido ese universo de ideales conciliadores y de diálogos auténticos, de servicio incondicional y desinteresado, para dar erupción a una legión de personajes titiriteros y corruptos, que más que servidores de lo público, han fomentado el departamento de espectáculos. Hemos de volver, por tanto, a esa dimensión social de trabajar para el beneficio social de toda la Humanidad. Hoy más que nunca, sin duda, es esencial trabajar juntos por el bien común, con el mejor liderazgo posible, ya que es un servicio de mucho sacrificio y dedicación, especialmente en un momento de tantas dificultades como el presente.

               Urge, en consecuencia, elevarse y ennoblecerse como ciudadanos de bien; dispuestos a compartir horizontes y a soñar con otro mundo más pacífico. No fabriquemos más armas, por favor. Entremos en conversación, con la empatía necesaria para el consenso, y así se propagarán  noticias esperanzadoras que nos despertarán el ánimo. Ahora sabemos, por ejemplo, que doscientos niños de Sudán del Sur ya no tendrán que tomar las armas a diario. Los grupos armados los han liberado de sus filas tras unas negociaciones apoyadas por UNICEF, que ha destacado que “por cada niño liberado, se marca el comienzo de una nueva vida”. Se espera que sean mil los menores que dejen la guerra en los próximos meses, pero aún quedan 19.000 niños soldados en el país africano. Algo es todo, conviene recordarlo, como que la primera condición para generar un clima armónico, es tener voluntad de conseguirla.

               Indudablemente, el querer lo es todo en la vida. Es la energía interna de cada cual la que nos trasciende y nos transporta. A propósito, también este año, se celebra el octavo “Diálogo sobre armonía con la naturaleza”, el día 23 de abril en la Sede de la ONU de Nueva York. Pensamos que esta plática interactiva es una buena plataforma para tratar temas como la producción sostenible y los patrones de consumo. Asimismo, el coloquio quiere fomentar que los ciudadanos y las sociedades se conciencien sobre cómo se pertenecen y cómo pueden acoplarse con el mundo natural; al mismo tiempo, pretende mejorar los cimientos moralistas de la relación entre la Humanidad y la Tierra, en términos de desarrollo sostenible, puesto que si la Tierra y sus Ecosistemas son nuestro hogar, también el cuerpo y el espíritu son nuestra vida a proteger, lo que nos reclama un respeto innato el uno por el otro; ya que, de lo contrario, nuestra propia existencia deja de ser aceptable.

De ahí, que por la concordia todo se engrandece, mientras la discordia todo lo destruye. La esperanza nos espera siempre para abrazarnos. Dejémonos envolver por su estimulante vital, muy superior a la suerte e inmensamente vivificador de nuestros días. Con razón, se dice, que la ilusión le concierne a quien camina, pues es el caminante mismo salvaguardándose, revelándose contra sí mismo.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
18 de abril de 2018.-

 
     
     
  LAS FUTURAS GOBERNANZAS  
     
 

            
               El futuro será nuestro en la medida que seamos capaces de cohesionar este mundo dividido, que precisa converger en todos los campos, también en el de la investigación y la innovación. Urge, por tanto, reintegrarnos a un orbe en el que impere la solidaridad y la cooperación. Por ello, hemos de crear fondos y activos ilusionantes que beneficien directamente a grupos vulnerables, entre los que también estarían los trabajadores poco cualificados, si en verdad queremos salvaguardar la dignidad de todo ser humano. Hoy los países tienen problemas para proteger los logros alcanzados, sobre todo en materia de protección social, en parte por esa falta de voluntad y amparo a los derechos humanos. No es de recibo que sigamos excluyéndonos unos a otros y cada día aumente el número de personas sin hogar y desempleados, obviando que todos tenemos el derecho y el deber a un trabajo decente. Bajo este contexto de concurrencias, es esencial escucharnos más, ofreciendo oportunidades reales, con políticas económicas justas que favorezcan a la familia, sin dejarse llevar por esta vergonzosa y arcaica cultura del borrego, o sea, del derroche consumista que nos hace trizas hasta el mismísimo corazón. Repudiemos este cultivo que nos deja sin alma.

               Que pena que aquello por lo que vivimos, sentimos y pensamos, se  impregne de mil escarchas. Para empezar, son muchas las barreras de injusticias que a diario sembramos por doquier. De ahí que las futuras gobernanzas del mundo, a la vez que han de poner fin a la desigualdad generalizada de género, han de apostar por una tecnología puesta al servicio de la humanidad, con políticas de naturaleza estratégicamente universalistas, orientadas a la acción conjunta y no a la privilegiada de unos pocos. Sabemos que el camino es intenso y largo, pero el papel del trabajo para los individuos y las diversas sociedades, requiere de un verdadero empuje global. Al respecto, considero una esperanzadora noticia, que durante el primer semestre de 2019, se invite a los 187 Estados miembros de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a emprender programas para celebrar el primer centenario de la única agencia tripartita de la ONU, puesto que reúne a gobiernos, empleadores y trabajadores. Naturalmente el punto culminante de la iniciativa: “El futuro del trabajo”, será la Conferencia Internacional del Trabajo 2019, con la posible adopción de una Declaración del Centenario, algo que sin duda nos hará reflexionar  y, tal vez, tomar un nuevo rumbo organizativo y de producción. Ojalá sea así.

               Sea como fuere, por mucho que las futuras gobernanzas muestren estampas que no corresponden a la realidad, no podrán permanecer pasivas ante el dolor de millones de personas cuya dignidad está herida, pues el porvenir nos pertenece a todos por igual. Ha llegado el momento de las decisiones valientes, y los gobiernos han de mejorar en ejemplaridad y en contribuir a progresos inclusivos. Ya está bien de hacer partidismo, de activar promesas que después no se llevan a cabo, cuando lo que hay que promover de manera eficaz es la justicia social, con una distribución justa y equitativa de los beneficios, a través de valerosas actitudes que fomenten un cambio sustancial, con tolerancia cero en corrupción y crimen organizado. Indudablemente, la visión armónica del mundo no es posible por más que intenten adoctrinarnos en el delirio, mientras los gobiernos no se centren en prácticas concretas, y además consensuadas, que activen los principios de derechos humanos, igualdad y sostenibilidad. Las carencias de gobernabilidad democrática, que han de basarse en el estado de derecho, el cumplimiento de leyes internacionales, y en los principios de inclusión y participación, para un mundo globalizado son tan manifiestas, que las personas apenas contamos nada.

               Por consiguiente, hemos de superar viejas costumbres destructivas impulsadas por gobernanzas usureras, tanto para la población actual como para las generaciones futuras, lo que requiere con apremio una mundialización ciudadana, centrada más en el planeta y en sus moradores que en intereses particulares o productivos, lo que requiere ocupación y dignidad del individuo en la era digital, con incentivos al espíritu copartícipe y a esta virtud cívica. Al fin y al cabo, no nos interesa un desarrollo económico insolidario y depredador, sino más bien un crecimiento humanista ciudadano, en respuesta al histórico llamamiento del Secretario General de la ONU en la Cumbre del Milenio 2000 por un mundo “sin miseria y sin miedo”, en el que se fomente una auténtica concordia como derecho humano fundamental.  En consecuencia, las futuras gobernanzas planetarias, han de ser de servicio y colaboración para toda la humanidad, puesto que han de propiciar ser una familia, tan unida como indivisible. Por eso, nada de lo que le ocurra a alguien nos debe dejar indiferentes. Tampoco cabe la resignación, máxime cuando sabemos que el amor lo transforma todo. Luego, amémonos sin etiquetas.

                Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
4 de marzo de 2018.-

 
     
     
  LA APUESTA POR LA FAMILIA HUMANA  
     
 

                
               Me gustan las gentes que sonríen de corazón a pesar de sus pesares, aquellos que hacen el propósito de mantener una actitud de disponibilidad, de comprensión y benevolencia hacia nuestros análogos, siempre dispuestos a apoyar labores solidarias que nos encaminen en la buena dirección, al bienestar social que todos nos merecemos. Ciertamente, vamos a necesitar de un cambio profundo. Quizás, más pronto que tarde, deberá llevarse a cabo en este mundo globalizado como jamás. Para empezar, considero prioritario una economía más respetuosa con el ser humano y su entorno. No se trata de un crecimiento del consumo material, sino de una evolución más interna, para poder dignificarnos y fraternizar esa visión humanística, donde nadie quede relegado, sino reintegrado en ese avance de familia humana. Por tanto, no podemos desprendernos de los vínculos, de ahí la importancia de apoyar la labor de la comunidad internacional orientada a engrandecernos como ciudadanos pensantes, a través del pleno empleo y del trabajo decente, la igualdad entre los sexos y un desarrollo equitativo más justo, tanto en el aspecto monetario como en la esfera cultural y ética.

               No caben estas tremendas usuras y desigualdades entre la familia humana. Precisamente, en la actualidad, el motivo principal para migrar está ligado directa o indirectamente a la búsqueda de un empleo digno. En este sentido, la Organización Mundial del Trabajo (OMT) calcula que unos 150 millones de trabajadores son migrantes —es decir, un 4,4 por ciento de la mano de obra mundial—, de los cuales el 56 por ciento son hombres y el 44 por ciento, mujeres. A nivel mundial, los trabajadores migrantes tienen una tasa de actividad más alta que los locales: un 73 y un 64 por ciento, respectivamente.  Bajo estos datos, tenemos que aprender a no quedarnos pasivos ante nada, puesto que todo es patrimonio común de la familia humana, tanto por mar, como por tierra o aire. En consecuencia, hemos de buscar entre todos, por toda la faz del planeta, que cohabiten entre nosotros atmósferas más equitativas. Con la equidad el espíritu es otro, cuando menos más armónico. Si, como se ha visto, el espíritu olímpico es el símbolo más importante de la paz en el mundo; también la mano tendida y reconciliada  puede ayudarnos a hacer familia y, por ende, a encontrar el camino de lo justo, ya que este aliento global no se tradujo todavía en una nueva era de prosperidad colectiva.

               Cuesta admitirlo, máxime sabiendo que los únicos gozos auténticos son los que provienen de vivir en comunidad, compartiendo. A propósito, ya el inolvidable escritor colombiano Gabriel García Márquez (1927-2014),  no perdía la esperanza y pensaba que todavía no era demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra; y, verdaderamente, yo también así lo pienso. A mi juicio, esto sucederá el día que nos rijamos por el orden impreso en la conciencia humana. Se trata de que abandonemos el territorio de confort o el de la indiferencia, para poder donarnos, colaborando y cooperando cada uno, por el bien de los demás. Desde luego, es una lástima que aún no hayamos aprendido a hacer familia con el corazón, aparte de garantizar un trabajo decente y útil para todos, que es lo que realmente injerta una protección adecuada a los hogares, elemento esencial de cualquier desarrollo económico y social sostenibles.

...............Para desgracia nuestra, el informe de referencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) muestra que si bien la tasa de desempleo mundial se está estabilizando, el desempleo y los déficits de trabajo decente se mantendrán, en este año 2018, con niveles persistentemente altos en muchas regiones del mundo. Deberíamos, pues, afrontar los desafíos del mundo actual con más coraje y capacidad de análisis crítico, ya que pueblos y ciudades bien gobernados y administrados son el camino hacia el ansiado desarrollo sustentable y sostenible. De entrada nos anima que la equidad de género y la unidad mundial, se haya ubicado en el centro de la agenda de la ONU para este ciclo. Algo puede ser todo, no lo olvidemos.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
11 de febrero de 2018

 
     
     
  LA ÉTICA DE LOS COMPROMISOS  
     
 

               En este mundo, no sólo cabemos todos con sus diversos rostros y multitud de rastros, también estamos llamados a confluir en un mar de entendimiento, mediante un encuentro sincero de individuo a individuo, que nos lleve con una actitud humilde a saber aprender de los demás. Verdaderamente, nuestra concordia está supeditada a la colectividad de la que somos parte exclusiva, sin obviar el todo necesario e imprescindible del que también formamos porción. Por ello, nadie puede quedar excluido. Las barreras del encierro y la marginalidad no tienen sentido alguno. Todos nos merecemos la oportunidad de poder desarrollarnos como personas, máxime en un momento en el que estamos interconectados a través de las tecnologías.

...............Ahora lo que hace falta es que esta interconexión, sirva como estímulo creativo para encontrar los caminos adecuados y propicios para humanizarnos, pues aunque estamos en la era del conocimiento y la información, tenemos que decir no a tanta falsedad sembrada, a una economía sin alma, donde lo que impera es el poder del dinero y que seamos productivos en esta sociedad de mercado. Quizás tengamos que aprender a reflexionar. Y con ello, a pasar de los modales en el decir, a la ética de los compromisos; a ser más responsables en la acción y más coherentes en el hacer. Por otra parte, tenemos la oportunidad de ofrecer otras moradas más solidarias, con el retorno a un orden social más equitativo, concienciándonos de que todo ha de estar en favor del ser humano. Aún tenemos cerca de cinco millones de niños en el mundo que padecen desnutrición aguda grave y cerca de cuarenta millones de personas carecen de acceso a agua potable. Estos son los tristes datos, que refrendan nuestra pasividad y falta de coraje.

...............Algunos partidos políticos hambrientos de votos juegan a la confusión, llegando a normalizar algo tan deleznable como el odio. Lo que menos le interesa es la ciudadanía. Estimo, por tanto, que la política ha de ser más poética, o sea más de servicio desinteresado, y así podremos encauzar otro orden existencial más justo. Por desgracia, estamos cosechando un futuro lleno de incertidumbres que nos afecta a todos, debido a las guerras, la variabilidad económica, el cambio climático y las desigualdades crecientes. De ahí, la necesidad de una ética responsable que nos encamine hacia otros horizontes más auténticos, lo que nos exige de otros cultivos más reeducadores, o si quieren rehabilitadores, destinados a hacernos pensar críticamente para poder discernir lo que más nos conviene, dentro de un universal camino de maduración en valores.

...............Confiemos que siendo la generación de jóvenes más numerosa que se haya visto en nuestra propia historia, y aunque buena parte viva en países muy frágiles y afectados por conflictos, y otros estén desempleados,  sepamos renacer sin postergar a nadie, estrechando lazos aunque sólo sea para ayudarnos a sobrellevar las cargas. En efecto, los jóvenes siempre están dispuestos al cambio y esto es bueno para construir la unidad, no la uniformidad, sino la reafirmación conjunta como especie pensante globalizada, que ha de comprenderse bajo el techo de la diversidad.

...............Ante esta realidad, es el momento de jugar limpio, de comprometerse y rechazar cualquier signo de fanatismo vertido hacia sociedades cada día más multiétnicas, multirreligiosas y multiculturales, que lo que hacen es enriquecernos para iluminar y renovar el mundo. Escuchémonos todos. Promovamos diálogos verdaderos. Analicemos situaciones. A veces nos sorprende quien menos pensamos. No sólo hay que indignarse hace falta también implicarse e involucrarse. Mientras las naciones más ricas del mundo debaten sobre política migratoria, Uganda se ha convertido en uno de los países del mundo que más refugiados acoge. A Uganda llegan, cada día, quinientas personas, huyendo de la hostilidad y la persecución en países vecinos. Ellos sí que nos dan una lección de fronteras abiertas.

...............Sin duda, es tiempo de obligarnos. En ocasiones, somos demasiado autocomplacientes. Reconsideremos nuestro modo de actuar desde una ética más racional, algo previo para poder renacer de estas cenizas que entre todos hemos desparramado por el planeta. Desde luego, hay que atreverse a encontrar los nuevos puntos de coincidencia entre humanos, los nuevos símbolos que nos entusiasmen, y a partir de aquí, el acompañamiento será más llevadero, más necesario, si en verdad nuestro compromiso por el bienestar de nuestros semejantes es tan real como serio.
 

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
31 de enero de 2018

 
     
     
     
  AUSENCIA DE REFERENTES HONESTOS  
     
 

              
               Nunca es tarde para reconducir existencias y, por ende, también podemos reinventarnos otro orbe más humano y habitable. Querer es poder. Quizás sea importante recuperar entornos más virtuosos para poder huir de las mil esclavitudes que nos acorralan en el momento actual. A mi juicio, lo prioritario es rescatar tantas dignidades perdidas, cuestión que merece la pena alentar, junto a la ética, la solidaridad y el bien global, abecedarios que deberían estar en el centro de todas las políticas y de todos los gobiernos. No olvidemos que gobernar también es rectificar cuando haya que hacerlo.

...............Hoy más que nunca es preciso activar lo auténtico, tanto en individuos como en instituciones, volver a lo decente hasta consigo mismo. En el fondo, las crisis surgen precisamente por esa ausencia de virtudes y de referentes en nuestra concepción de la vida. Por eso, es el momento de dejar de pisotearnos unos a otros, de planificar una recuperación digna para los humanos, de reivindicar la seguridad en el planeta, sintiéndonos más próximos para poder transmitir esperanza e ilusión por vivir. En la moderación, así como en el conocerse para poder reconocerse en los demás, está la buena orientación. A poco que reflexionemos sobre esto, nos daremos cuenta que mostrarnos pasivos ante los muchos sembrados injustos no es una virtud, sino más bien lo contrario, puesto que necesitamos tomar conciencia de que todos hemos de luchar por todos.

               En ese ayudarnos a caminar mutuamente, no tenemos tiempo que perder, es una lástima que la ayuda humanitaria no esté llegando a las personas que sufren lo imposible cada día para poder subsistir. Nos faltan referentes de sabiduría y nos sobran espíritus usureros en el mundo. Los diversos líderes, junto a los moradores del planeta, han de propiciar el destierro de toda explotación, opresión y persecución de seres humanos. Nos merecemos coexistir en unidad. Debemos mostrar, sin desfallecer en momento alguno, que cada latido humano por insignificante que nos parezca, merece consideración, independientemente de su cultura, religión, ideología y origen étnico.

...............Ahora bien, prudencia con los salvavidas que suelen fabricarse en tiempos difíciles, que en lugar de arrimar el hombro, suelen servirse de  la situación para poder trazar su propia línea de venganzas. Cuidado con permitir que nos anestesien y nos impidan ver los verdaderos horizontes, que casi siempre están donde menos pensamos. Desde luego, jamás estarán en los activistas de la desproporción económica que sufrimos en la actualidad, donde un pequeño grupo de privilegiados ostenta más del 80% de la fortuna. De continuar por estas avenidas sin alma, estaremos creando esa cultura del descarte de la que tanto habla el Papa Francisco, y que debiera ser ya historia de nuestra historia pasada. No repitamos las torpezas de otro tiempo, las inútiles contiendas que tanto nos han destruido para volver a empezar. Progresemos en la conciencia de  la libertad. Seamos obreros del verso en el tajo del camino, cuando menos hagamos el propósito de serlo.

               Sea como fuere, el ser humano demanda de otros organizadores con sentido global, capaces de sentir la existencia humana como algo que se ha de vivir en comunión, desde el diálogo y la escucha permanente. Por desgracia; nos hemos acostumbrado a etiquetarnos, a recluirnos en islas de usura, a no equilibrar las políticas del mercado laboral, fomentando la exclusión de las finanzas, y obviando niveles mínimos de gasto social, sobre todo en salud y educación. Así no podemos continuar, bajo las alas de ese espíritu putrefacto viciado y avasallador.

...............En otras palabras, la corrupción exacerba la desigualdad, y provoca un efecto en cascada: la interacción entre una y otra alimenta el populismo, de acuerdo con un análisis publicado hace poco por el grupo de lucha contra la corrupción Transparency International. Dicho lo cual, nos llena de expectativa que instituciones internacionales, como el Fondo Monetario Internacional haya pensado que “si no se le ponen riendas, la corrupción es como la hidra, aquella figura mitológica dotada de la virtud de regenerar dos cabezas cuando se le cortaba una”. Indudablemente, es a partir de la honestidad y del sentido responsable, como podemos avivar ese cambio de expresión fraterna que hoy el mundo pide para poder convivir armónicamente. De lo contrario, nos hundiremos en el vacío, en la más tremenda de las soledades, en el aislamiento y la sinrazón de vivir juntos, entre los ciegos muros de una endemoniada indiferencia.

 

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
4 de febrero de 2018.-