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 ..... ALGO MÁS QUE PALABRAS  .....
     
 

Víctor Corcoba Herrero
Escritor-Poeta
corcoba@telefonica.net

 
     
 
LA GRAN REVUELTA DE LA ESTIMA
(LA MENTIRA NOS ENFERMA SOCIALMENTE)
 
     
 

              
               Pienso que vivimos un momento en el que es necesario llevar adelante una gran revuelta, sobre todo en lo que se refiere a la estima de todo ser humano. El mundo, en su conjunto, requiere reposar y repensar, ver la manera de salvaguardarse de tanto rencor sembrado. Por tanto, creo que es hora de enternecerse, con quienes se convive, para poder atraer ese espíritu conciliador que todo el orbe demanda con urgencia. Lo armónico es lo que da vida, lleva consigo esa capacidad de fascinar y comunicarse, o sea, de vivir abriéndose a los demás. No podemos levantar muros. Eso ha de ser pasado. La prioridad pasa por escuchar y acompañar. Luego, tomando la verdad como lenguaje se acompasa el ritmo y se regulariza la ilusión. Por otra parte, nos hace falta el pan diario de la juventud, al menos para borrar tantas falsedades sembradas que nos llevan a enfermar socialmente. Indudablemente, hemos también de actuar con clemencia, en esa cercanía hacia el análogo, sobre todo para no caer en los errores del pasado, pues como decía San Ignacio: “El amor se manifiesta más en las obras que en las palabras”  y, en consecuencia, “está más en dar que en recibir”. ¡Donémonos!, entonces. Sentiremos una felicidad en el alma que es de agradecer.

               Desde luego, la generosidad hay que ponerla en valor, si en verdad queremos hacer valer los encuentros, máxime en un momento de tantas idas y venidas absurdas, de vueltas y revueltas sin consideración hacia nadie, con la proliferación de grupos extremadamente violentos que nos están dejando sin nervio y sin verbo. Por cierto, nos hemos acostumbrado a tragar un aluvión de disfraces, o de vidas en apariencia de difícil retorno a lo auténtico. Tanto es así, que hay verdaderos encubridores del embuste para que parezca certeza, disimilando el engaño y ocultando las intenciones. Sin ir más lejos, algunos de los sembradores del terror han dado un uso tergiversado de la religión y una falsa interpretación de los textos religiosos para incitar y justificar la violencia. Ante esta triste situación, no debemos olvidar que la barbarie no tiene defensa alguna. Este tipo de hechos son tan aborrecibles como demoledores porque sus simientes son de odio, hasta el punto que cada día es más complicado mantener seguros a los ciudadanos. En cualquier parte del planeta te pueden sorprender los terroristas, dispuestos a encontrar cualquier debilidad en nuestra defensa. Por ello, como dice Naciones unidas, hay que ir por delante de ellos para prevenir que las mismas tecnologías se puedan convertir en armas letales. Esta es la cuestión, de ahí la necesidad de cambiar el corazón, y la mejor manera de hacerlo es bajo la estima del abrazo.   

               Llegado a este punto, me viene a la memoria esta inolvidable frase de Quevedo, en referencia a aquellas gentes de bien, que únicamente atienden al lenguaje interno,  ya que “sólo con el corazón se hablan”. En efecto,  es el mundo de los afectos el que nos pone en camino, en movimiento, sin tristezas ni sensación de cansancio.  Hoy más que nunca nos hace falta mantenernos activos, permanecer en guardia en todo lugar y durante todos los días, puesto que únicamente a través del esfuerzo y la constancia, podemos abrazarnos y entendernos, en un mundo fracturado como jamás, que precisa un futuro compartido para construir sociedades justas e inclusivas, solidarias y libres, capaces de restituir tantas dignidades perdidas, y desalojar tantas incertidumbres creadas por nuestro afán egoísta. Hace tiempo que corremos el riesgo de ser reducidos a un mero producto de mercado y consumo, y esto hará del mundo, un verdadero infierno para todos. ¿Dónde ha quedado el amor y nuestra capacidad de amarnos?  Crear las condiciones idóneas  es una responsabilidad que nos debe involucrar a todos, sin excepción alguna. Sin duda, es a partir de esa unión y unidad de países como se avanza humanamente.

...............A propósito, en este sentido de hermanarse, no podría haber elegido Austria un mejor lema para su presidencia de la Unión Europea, que el de: “Una Europa que protege”. Ciertamente, la humanidad desea una mayor protección, o si quieren un mayor sentido de consideración, seguridad y orden.  Finalmente, también me complace que la Presidencia se centre en asegurar la estabilidad en el vecindario de Europa, en la ciudadanía europeísta, siempre dispuesta a construir comunidades donde cada uno se sienta reconocido como persona y ciudadano, titular de obligaciones y derechos, donde la ética de las exigencias sea lámpara de curso de las relaciones. Ahora bien, no vayamos a quedarnos solo en palabras, nuestro trabajo es el de alentar y guiar, el de construir sociedades dignificadas, respetuosas con toda vida, con todo ser humano, no permitiendo que nos mutilen el entusiasmo, fortaleza tan valiosa como necesaria.

 

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
1 de julio de 2018.-

 
     
     
  MATERIAS PENDIENTES  
     
 


              
               Nuestra gran asignatura pendiente es que tenemos que superar las diferencias. Únicamente hermanados podemos avanzar en alianzas, reconstruir un mundo habitable, y rehacer en ese ansiado proyecto universalista común, en el que todos nos merecemos vivir en avenencia. Por tanto, las respuestas han de ser globales, trazadas con racionalidad y constancia, sin obviar esa mano extendida, solidaria y comprensiva, que sin duda será lo que nos fraterniza. Nos hace falta, en consecuencia, fuertes dosis de paciencia y mucho diálogo, sobre todo con la práctica de corazón a corazón. Está claro que la felicidad no se alcanza con la fe absoluta en los mercados y la tecnología, lo que requiere importantes cambios de actitudes en generaciones venideras. Renovarse o morir, que se dice. Y es cierto, ha de nacer un ser humano más entregado a los demás que asimismo, para que ese conjunto único llamado humanidad, aprenda a volar con más discernimiento que irresponsabilidad, con más  alma que cuerpo, con más autenticidad que apariencias.

               En la tierra, hoy por hoy, indudablemente escasean los liderazgos más penetrantes y verdaderos, más coherentes en relación con el lenguaje y las acciones, pues nuestro principal deber radica en acogernos y no en  dañarnos unos a otros. La desorientación es tal, que ni los adultos pueden perder más tiempo en mentalidades de otro tiempo, ni tampoco los niños, que son nuestra esperanza de futuro, deben realizar trabajos para los cuales no tienen la edad mínima legal. Urge, en consecuencia, tomar nuevos rumbos acordes a esa amplitud de horizontes, porque no puede haber espíritu armónico si nuestro ánimo positivo no se extiende por todos los continentes y océanos. Indudablemente, tampoco puede haber solidaridad que no esté abierta a todos, por muy distintos que nos sintamos unos de otros. No arrojemos más frentes. Abrámonos para abrazarnos. Y socialicemos esa justicia equitativa, más allá de las meras palabras de la ley.

               Ningún ser humano puede quedar excluido de nada. Por eso, es importante perdonar, pero nadie puede quedarse impune de sus acciones. Como también es vital amarse, a pesar de los muchos pesares cosechados. Sea como fuere, hemos de aceptarnos siempre, primero a nosotros mismos como persona, y después a nuestros análogos, sabiendo que todos somos únicos y exclusivos. Ojalá aprendamos a cultivar lo armónico, haciendo justicia, defendiendo la vida, fundiéndonos en la verdad        , que no es otra que una vía de rectitud, surgida tras reconocer y rectificar nuestros errores. Un camino que verdaderamente significa humanizarnos, retornar a esa comprensión generosa que nos da valor de buscar renovadas exploraciones, aunque las muchas turbulencias nos insten a tomar el rábano por las hojas. Equivocarse es de humanos, no lo olvidemos, pues lo trascendental es saber rectificar a tiempo y enmendar los andares.

...............Por desgracia, nuestros pasos andan crecidos por la venganza. No podemos, ni debemos, cerrar los ojos ante la siembra de tantas crueldades vertidas. Ahí están esos actos de cotidianidad de la violencia, de los que hemos de pasar página más pronto que tarde, desequilibrándonos, volviéndonos inhumanos, lo que nos exige permanecer en guardia, para poder salir entre todos de una barbarie antisocial que nos retrocede en lugar de progresar  hacia ese mundo ansiado, en el que nos despierte siempre un sonrisa, en lugar del desconsuelo que nos asola. Es cierto que nuestro sí a la paz, prolifera más que nunca, al menos en nuestra boca; sin embargo, junto a esa energía mística de cada cual, es menester igualmente una fortaleza de comunidad que nos active otros pensamientos, otras ideas más confluentes y menos repelentes entre nosotros mismos.  No es algo ilusorio, se puede conseguir, a poco que desterremos las armas y pongamos voluntad en dejarnos cautivar por la conciencia; la mejor brújula para la estética, a la que siempre hemos de volver.

 

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
10 de junio de 2018.
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  NUNCA ES TARDE PARA CORREGIR NUESTRAS MISERIAS  
     
 

            
               Tenemos que limpiarnos de nuestras miserias, si en verdad queremos alentar la esperanza en nuestras vidas. Que en la nación más rica del mundo tengamos cuarenta millones de pobres es algo verdaderamente inhumano y cruel. Desfigura nuestro propio rostro humanitario. Por tanto, es hora de que cesen en el mundo las discriminaciones y los abusos, las violaciones  y las violencias, que, en muchos casos, están en el origen de nuestras desdichas. Cuando el poder no entiende de servicio, y el dinero se convierte en el gran baluarte del camino, resulta imposible que se pueda realizar una distribución equitativa de las riquezas. En consecuencia, es menester poner en valor la justicia y el compartir, la sobriedad y la igualdad, la solidaridad y la confianza, para retomar otro sentido más trascendente de las cosas, con mayor perspectiva de futuro. Y en esto, requerimos unidad y unión,  aunque únicamente sea para algo tan básico como activar el consuelo recíprocamente.

...............Estas carencias, de omitir principios en nuestra tarea de convivir y caminar, nos despojan hasta del propio entusiasmo por vivir. Adquirir otros hábitos más humanistas es un buen refugio contra casi todas las miserias de la vida. Pensemos que de la pobreza surge la riqueza; de ahí lo significativo que resulta imprimir acciones solidarias, de desprendimiento, ya no sólo de lo superfluo, sino también de lo fundamental. Para empezar, entiendo que no hay mayor injusticia que negar el trabajo y la realización de la persona a un quehacer digno, justamente remunerado. A veces los recortes de impuestos parecen diseñarse para los más pudientes, para maximizar la desigualdad y llevar a la penuria a millones de seres humanos. La usura de algunos y el desprecio hacia nuestros análogos, en ocasiones es tan palpable, que  empuja el odio y la venganza, junto a una mentalidad egoísta, que dificulta enormemente el donarse a esas gentes excluidas y marginadas, por una sociedad feroz y salvaje a más no poder. Ojalá aprendamos a sembrar otras políticas más cooperantes, que nos reintegren y normalicen mancomunadamente, comprometiéndonos con la equidad.  

               A mi juicio, ahora tenemos una gran coyuntura de abandonar nuestras miserias, sobre todo aquellas de inútil autosuficiencia o endiosamiento, pues en realidad estamos aquí para tendernos puentes unos a otros. La oportunidad para hermanarnos es manifiesta. Sin duda, nos hemos globalizado, pero no podemos seguir levantando fronteras, hay que abrir horizontes sin miedo, no dejando a nadie en el trayecto. Cualquier ser vivo se merece amparo. Cuesta creerlo, pero también a esas personas que padecen algún desorden mental, solemos estigmatizarlas. De igual modo, con demasiada frecuencia, pasamos por alto los derechos humanos básicos de nuestras personas mayores. Por consiguiente, quizás sea el momento preciso de impulsar otros programas  más operativos, tanto a nivel mundial como regional, de manera que cada pueblo pueda disponer de los recursos necesarios para poder llevar a buen término una vida digna de sus moradores. Es lo mínimo que puede pedirse. Por desgracia, nos hemos acostumbrado a esparcir migajas, en lugar de comprometernos con la opción de una verdadera política integradora que nos socialice y fraternice.

               En cualquier caso, nunca es tarde para corregir nuestras miserias, accionando con nuestra actitud de hospitalidad, a través de un diálogo sincero y constructivo, la ansiada paz social y el bien común. En efecto, hoy más que nunca necesitamos hacer todo lo posible por ayudar a esas gentes que desean el retorno a sus hogares, el reencuentro con la verdad, que es lo que verdaderamente nos sustenta y nos sostiene en ese hacer más por todos, con menos derroches, y más amor. Esto significa, que todo ser humano avanza, no aislándose, sino poniéndose en colaboración con sus semejantes, más allá de lo meramente económico, puesto que es un cúmulo de virtudes las que han de florecer, en esa búsqueda de concurrencias, ante tantas situaciones humanas degradantes que nos acorralan. Desde luego, una sociedad que oprime el alma y adoctrina conciencias, deja un vacío que por muchas terapias que nos injertemos, vamos a sentirnos desmantelados. Por eso, toca transformar esos corazones poderosos de piedra, en corazones servidores de luz, de renuncia a uno mismo, de acogida y recogida de aquellos con los que nadie quiere hallarse. En esto radica el gozo de la evolución. Lo demás es falsedad.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
6 de junio de 2018

 
     
     
  SENTIRSE ACOMPAÑADO ES ESENCIAL PARA AVANZAR  
     
 


              
               Hay una realidad que no podemos omitir, y es la de sentirnos acompañados en todo momento. De ahí la importancia de avanzar en el conocimiento mutuo, de conocer y reconocer las diversas culturas, ofreciendo al mundo un testimonio de los valores de la justicia, la paz y la defensa de la dignidad humana. Levantemos, pues, todos los muros y hagamos piña por lo armónico, con espíritu generoso y entrega incondicional a los que piden nuestro auxilio. Socorrer no sólo es parte del deber humano, sino también parte de la placidez nuestra.

...............Para desgracia de todos, son muchas las personas que huyen desesperadas de su entorno y nos necesitan. Seamos su aliento. El mundo ha de ser más corazón que poder, más poesía que pedestal, más abrazo que rechazo. Cualquiera nos podemos ver en situaciones de dificultad en algún momento de nuestra existencia. En estos momentos, pienso en esas gentes que desean tener la posibilidad de una vida libre de violencia y afrontan la escapada con la ilusión de encontrarse con un ambiente hospitalario. También reflexiono sobre esas valerosas mujeres en riesgo permanente, puesto que son más vulnerables a los abusos sexuales. Ojalá reforcemos nuestra presencia, nuestra mano tendida, hacia aquellos seres humanos en situación de abandono y necesidad. No olvidemos que uno se reconoce a sí mismo en relación con los demás, y que es obligación levantar al débil, pero al mismo tiempo sostenerlo y sustentarlo después, hasta que se reencuentre con fuerzas.

               Sentirse acompañado es la primera respuesta humanitaria, para luego focalizar nuestro soporte en los aspectos de integración, de reducción de la xenofobia y la discriminación, ofreciendo ese espíritu solidario que todos nos merecemos por el simple hecho de formar parte de la familia humana. Jamás desterremos los vínculos. Somos miembros de una estirpe común, que puede ser diversa, pero que ha de ser convergente en ese bien colectivo que a nadie le podemos negar. Por tanto, es hora de que la sociedad enhebre otras actitudes, de que sus moradores actúen de otro modo más auténtico y clemente, y por eso, es fundamental que la comunidad internacional reflexione sobre cómo puede cumplir con los compromisos de reducir la corrupción y el soborno, quizás haciendo de las instituciones una buena gobernanza, organismos más eficaces y tranparentes, para que podamos fortalecer la recuperación y devolución de activos robados.

...............Desde luego, este espíritu corrupto mundializado, con el consabido gran poder que le respalda, puede llegar a destruirnos como linaje. Es público y notorio que esa pequeña élite dominadora, que no ha sabido ganarse el pan con dignidad, estará siempre dispuesta a dificultar la rendición de cuentas, lo que no solo debilita la democracia con sus actuaciones, sino que también impide avanzar hacia ese orbe armónico, donde nadie ha de ser más que nadie. Sin duda, estamos llamados a ser ese equilibrio natural respetuoso con todo y por todos. Esto será la mayor riqueza de la familia humana. En consecuencia, no podemos continuar endiosados en esa atmósfera de injusticias permanentes, en ese andar egoísta, que solo entiende de negocios para sí y los suyos.

.................Seguramente nos vendría bien a todos, avivar una mayor entrega hacia ese pilar mundial de los derechos sociales, máxime cuando aumentan tanto las desigualdades por todo el planeta, cuando menos para poder sentirnos comunidad. Indudablemente, es la experiencia de sentirnos parte del mundo lo que nos pone en movimiento. Con la dignidad de sentirnos útiles y cooperantes es como se cimienta ese mundo más sensible a los problemas de nuestros análogos. Esto implica, activar las acciones conjuntas por muy diferentes que sean las políticas de los gobiernos, fomentando toda clase de intercambios entre culturas. Por otra parte, urge un cambio radical en el comportamiento de la humanidad. Para empezar, a mi juicio, hay que ser más consecuentes con nuestros estilos de vida, y no permitir degradarnos por estructuras económicas que nos manejan a su antojo. Ningún ciudadano se vale por sí mismo. Cierto. Forma parte de la naturaleza y hay que tomar conciencia de esa capacidad de compartir, de hacer familia, de sentirse tronco en suma. Es un modo de quererse y de amar, de donarse y de perdonarse, de embellecerse y engrandecerse, porque al fin, nada nos es ajeno a ese deterioro de la calidad de la vida humana y de degradación social que todos soportamos, unos de manera real y otros de manera tácita. Al fin y al cabo, lo armónico se conquista cada día y es para todos, como la muerte misma llega porque sí, y para todos de igual forma.

 

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
23 de mayo de 2018

 
     
     
     
 
UNIENDO CORAZONES
 
     
 


           
            Ante tantas trágicas realidades que nos circundan, debemos unir nuestros corazones, pues nadie puede lavarse las manos ante nada si no quiere ser cómplice. Precisamente, si hoy triunfa tanto la falsedad, es por ese espíritu de complots, puesto que la verdad siempre triunfa por sí misma. Fruto de esa autenticidad humana, nace la unión, que es la que nos hace fuertes. A los hechos me remito. Si Irán está sujeto al régimen de verificación nuclear más estricto del mundo, es debido a un Plan de Acción Integral Conjunto, lo cual representa un logro significativo en materia de control. Es notorio que no hay otra manera de avanzar armónicamente que sumando fuerzas. No es de recibo, entonces, mirar hacia otra parte y expresar nuestra ignorancia o nuestra inocencia. Está visto, que todos podemos hacer mucho más por todos, a poco que lo intentemos, y salgamos de nuestra hipocresía, afrontando multitud de problemas que son comunes y cuya solución ha de ser global.

            Yo creo que el mundo ha de universalizar los compromisos para la construcción de una sociedad pacífica, orientada a la libertad, a la justicia y a la solidaridad. Nos hemos globalizado, pero ahora nos falta ese coraje vinculado de hacer mundo, conviviendo más y mejor, desde el respeto más íntegro hacia cualquier ser vivo. También la cobardía es un consentimiento que no podemos admitir. No olvidemos que estamos llamados a ser ciudadanos de alma, con lo que esto supone, para nuestra hoja de servicios en este paso por el planeta, de auxilio permanente y de guardia constante. Para ilustrar esta lucha, sólo habría que pensar en los  más de 40 millones de personas, hombres, pero sobre todo mujeres y niños, que sufren la esclavitud. O en la multitud de aves migratorias a las que les hemos usurpado sus propios corredores aéreos y sus hábitats, por esa falta de cooperación a nivel internacional. Con demasiada frecuencia, olvidamos que nuestra identidad cultural como especie pensante, está profundamente arraigada a nuestro entorno biológico.

            Ante estas situaciones que nos fragmentan, hemos de pensar en cómo hemos de transformar el mundo. Aun nos hacen falta derribar muchas barreras raciales. La desigualdad entre géneros tampoco ha disminuido. Pensemos que lo único que nos da solidez son las pruebas de amor, entendidas éstas, como actos de generosidad que todos, al fin necesitamos, cuando menos para ser felices, pues únicamente podemos serlo, al descubrir  en el otro nuestra propia placidez. De ahí, lo importante que es una prosperidad mundial que no deje a nadie atrás. Indudablemente, hacen falta otras políticas proactivas de mayor apertura de horizontes, capaces de ensamblarnos y no de enfrentarnos, esto último como viene sucediendo.

..............Por eso, es fundamental que la comunidad internacional, con sus líderes a la cabeza, incorporen a la vía diplomática del diálogo, un nuevo entusiasmo capaz de aglutinar todas las voces. Pactar con el corazón y la mente es el más níveo de los compromisos. Dejemos, por tanto, que la humanidad se aliente a sí misma y por si misma. Ojalá hallemos el aguante necesario y la paciencia debida, para no caer en ese afán dominador o en esa imagen social de acaudalado. Como decía Madre Teresa de Calcuta (1910-1997), misionera de origen albanés naturalizada india, “el que no vive para servir, no sirve para vivir”. ¡Qué gran axioma!
           

 
 
Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
9 de mayo de 2018
 
     
  UNA GENERACIÓN DESPREOCUPADA  
     
 

       

               Somos un pozo de contrariedades. Nos importa nada tener comportamientos desastrosos. Andamos escasos de humanidad y de conciencia. Sabemos que la contaminación del aire provoca siete millones de fallecimientos cada año, y apenas mostramos preocupación alguna efectiva. Hemos entrado en el estado de la pasividad. En lugar de unirnos para aminorar que los seres humanos dejen de degradar su propio hábitat, no sigan desnudando la tierra de sus mantos verdes, o continúen activando los agentes contaminantes por los suelos, el aire o las aguas, mostramos divisiones, enfrentándonos con actitudes irresponsables. Por tanto, urge una voluntad de compromiso que ha de globalizarse para que todos los continentes activen otro espíritu más respetuoso con el entorno, empezando por otros modelos de producción y de consumo más éticos.

Sin duda, hoy más que nunca es menester alcanzar acuerdos conjuntos sobre la adopción de medidas para abordar problemas medioambientales urgentes. Ahí están los millones de toneladas de basura que acaban cada año en nuestros océanos, convirtiéndolos en gigantescos vertederos. Este fenómeno destructor es algo muy serio, pues no solo resulta anti-estético, sino que también provoca inconvenientes en temas de salud, aparte de otras cuestiones adyacentes como las económicas.

               La despreocupación es tan evidente que la misma naturaleza, en ocasiones,  nos responde de manera catastrófica. Por cierto, el inolvidable médico español, Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), solía decir al respecto, que: “sus crueldades representan la venganza contra nuestra indiferencia”. La cuestión es tan grave, que en los centros de enseñanza y en las familias, concienciadas estas últimas a través de las escuelas de padres o mediante campañas en medios de comunicación, es donde hay que aprender a reutilizar y a reciclar, para contrarrestar esta cultura actual que derrocha y contamina sin miramientos, porque no entiende de moderar el dispendio, y aún lo que es peor, de activar otras energías más limpias y renovables.

................Para desgracia nuestra, no solemos pasar de las palabras. Es lo más fácil, lo difícil es entrar en acción, con un estilo de vida diferente al actual. Lo mismo sucede con la cuestión del agua potable (un derecho natural básico), que puede llegar a convertirse en una de las principales guerras de este siglo, pues mientras en unas regiones hay abundante líquido en otras escasea, en parte por nuestros agentes contaminantes. Olvidamos, con demasiada frecuencia, que los recursos del planeta son escasos y están para compartirlos.

..................En consecuencia, es hora de preocuparse mucho más por lo que nos rodea. A propósito, tenemos constancia que más del 90% de las muertes relacionadas con la contaminación atmosférica se producen en países de ingresos bajos y medios, especialmente en Asia y África, seguidos por los de la región del Mediterráneo oriental, Europa y las Américas, lo que nos exige, para empezar, otro espíritu más cooperante, puesto que todo está interconectado y correlacionado. Me parece oportuno, luego, incentivar la educación y el conocimiento hacia ese mundo natural, que a todos nos pertenece por igual, y que ha de estar orientado sobre todo a sensibilizarnos sobre la necesidad de proteger el medio ambiente; nuestra propia casa común, lo que nos requiere de una solidaridad universal renovada, si en verdad queremos que no prosiga deteriorándose la calidad de la vida humana. 

...................Pensemos que la vida no puede privatizarse, está con todos los seres vivos, tampoco el medio ambiente, es patrimonio de todos y responsabilidad de la especie pensante, y más pronto que tarde debe reconducirse hacia unos lazos de integración y respeto, algo que irá en beneficio de todo el linaje. Ojalá aprendamos a vivir para dar savia, no para negar existencias; sin obviar que somos energía y voluntad, pero también confluencia de naturaleza armónica con los espacios.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
2 de mayo de 2018.
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  HAY QUE LEVANTARSE SIEMPRE  
     
 

                            Tenemos que mejorar los cimientos éticos, luego es menester levantarse siempre, a pesar de las dificultades que muchas veces nosotros mismos generamos, con actitudes indecentes y salvajes. Hay quien dice que el auténtico avance humano radica, precisamente, en ese empuje moral, que es el que nos humaniza. Quizás tengamos que tomar conciencia y aprender a correspondernos más y mejor con ese mundo laboral, y por ende, despojarnos de todo egoísmo, para activar un sentir responsable social y corporativo, como especie hermanada y pensante. Por ello, el deber de dignificarnos es primordial y hemos de hacerlo sin exclusiones, con un trabajo decente, lo que conlleva un salario digno, unas condiciones laborales justas y un quehacer humanizado, capaz de realizarnos como personas, y que ha de estar por encima del capital, del beneficio y del mercado.

               En efecto, hay que promover una salida de este estado salvaje, sin honestidad alguna, para dar paso a otro mundo más civilizado, en comunión con la vida, donde cada cual pueda sentirse reencontrado con su análogo, y no enfrentado. Por desgracia, las políticas hace tiempo que han perdido ese universo de ideales conciliadores y de diálogos auténticos, de servicio incondicional y desinteresado, para dar erupción a una legión de personajes titiriteros y corruptos, que más que servidores de lo público, han fomentado el departamento de espectáculos. Hemos de volver, por tanto, a esa dimensión social de trabajar para el beneficio social de toda la Humanidad. Hoy más que nunca, sin duda, es esencial trabajar juntos por el bien común, con el mejor liderazgo posible, ya que es un servicio de mucho sacrificio y dedicación, especialmente en un momento de tantas dificultades como el presente.

               Urge, en consecuencia, elevarse y ennoblecerse como ciudadanos de bien; dispuestos a compartir horizontes y a soñar con otro mundo más pacífico. No fabriquemos más armas, por favor. Entremos en conversación, con la empatía necesaria para el consenso, y así se propagarán  noticias esperanzadoras que nos despertarán el ánimo. Ahora sabemos, por ejemplo, que doscientos niños de Sudán del Sur ya no tendrán que tomar las armas a diario. Los grupos armados los han liberado de sus filas tras unas negociaciones apoyadas por UNICEF, que ha destacado que “por cada niño liberado, se marca el comienzo de una nueva vida”. Se espera que sean mil los menores que dejen la guerra en los próximos meses, pero aún quedan 19.000 niños soldados en el país africano. Algo es todo, conviene recordarlo, como que la primera condición para generar un clima armónico, es tener voluntad de conseguirla.

               Indudablemente, el querer lo es todo en la vida. Es la energía interna de cada cual la que nos trasciende y nos transporta. A propósito, también este año, se celebra el octavo “Diálogo sobre armonía con la naturaleza”, el día 23 de abril en la Sede de la ONU de Nueva York. Pensamos que esta plática interactiva es una buena plataforma para tratar temas como la producción sostenible y los patrones de consumo. Asimismo, el coloquio quiere fomentar que los ciudadanos y las sociedades se conciencien sobre cómo se pertenecen y cómo pueden acoplarse con el mundo natural; al mismo tiempo, pretende mejorar los cimientos moralistas de la relación entre la Humanidad y la Tierra, en términos de desarrollo sostenible, puesto que si la Tierra y sus Ecosistemas son nuestro hogar, también el cuerpo y el espíritu son nuestra vida a proteger, lo que nos reclama un respeto innato el uno por el otro; ya que, de lo contrario, nuestra propia existencia deja de ser aceptable.

De ahí, que por la concordia todo se engrandece, mientras la discordia todo lo destruye. La esperanza nos espera siempre para abrazarnos. Dejémonos envolver por su estimulante vital, muy superior a la suerte e inmensamente vivificador de nuestros días. Con razón, se dice, que la ilusión le concierne a quien camina, pues es el caminante mismo salvaguardándose, revelándose contra sí mismo.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
18 de abril de 2018.-

 
     
     
  LAS FUTURAS GOBERNANZAS  
     
 

            
               El futuro será nuestro en la medida que seamos capaces de cohesionar este mundo dividido, que precisa converger en todos los campos, también en el de la investigación y la innovación. Urge, por tanto, reintegrarnos a un orbe en el que impere la solidaridad y la cooperación. Por ello, hemos de crear fondos y activos ilusionantes que beneficien directamente a grupos vulnerables, entre los que también estarían los trabajadores poco cualificados, si en verdad queremos salvaguardar la dignidad de todo ser humano. Hoy los países tienen problemas para proteger los logros alcanzados, sobre todo en materia de protección social, en parte por esa falta de voluntad y amparo a los derechos humanos. No es de recibo que sigamos excluyéndonos unos a otros y cada día aumente el número de personas sin hogar y desempleados, obviando que todos tenemos el derecho y el deber a un trabajo decente. Bajo este contexto de concurrencias, es esencial escucharnos más, ofreciendo oportunidades reales, con políticas económicas justas que favorezcan a la familia, sin dejarse llevar por esta vergonzosa y arcaica cultura del borrego, o sea, del derroche consumista que nos hace trizas hasta el mismísimo corazón. Repudiemos este cultivo que nos deja sin alma.

               Que pena que aquello por lo que vivimos, sentimos y pensamos, se  impregne de mil escarchas. Para empezar, son muchas las barreras de injusticias que a diario sembramos por doquier. De ahí que las futuras gobernanzas del mundo, a la vez que han de poner fin a la desigualdad generalizada de género, han de apostar por una tecnología puesta al servicio de la humanidad, con políticas de naturaleza estratégicamente universalistas, orientadas a la acción conjunta y no a la privilegiada de unos pocos. Sabemos que el camino es intenso y largo, pero el papel del trabajo para los individuos y las diversas sociedades, requiere de un verdadero empuje global. Al respecto, considero una esperanzadora noticia, que durante el primer semestre de 2019, se invite a los 187 Estados miembros de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a emprender programas para celebrar el primer centenario de la única agencia tripartita de la ONU, puesto que reúne a gobiernos, empleadores y trabajadores. Naturalmente el punto culminante de la iniciativa: “El futuro del trabajo”, será la Conferencia Internacional del Trabajo 2019, con la posible adopción de una Declaración del Centenario, algo que sin duda nos hará reflexionar  y, tal vez, tomar un nuevo rumbo organizativo y de producción. Ojalá sea así.

               Sea como fuere, por mucho que las futuras gobernanzas muestren estampas que no corresponden a la realidad, no podrán permanecer pasivas ante el dolor de millones de personas cuya dignidad está herida, pues el porvenir nos pertenece a todos por igual. Ha llegado el momento de las decisiones valientes, y los gobiernos han de mejorar en ejemplaridad y en contribuir a progresos inclusivos. Ya está bien de hacer partidismo, de activar promesas que después no se llevan a cabo, cuando lo que hay que promover de manera eficaz es la justicia social, con una distribución justa y equitativa de los beneficios, a través de valerosas actitudes que fomenten un cambio sustancial, con tolerancia cero en corrupción y crimen organizado. Indudablemente, la visión armónica del mundo no es posible por más que intenten adoctrinarnos en el delirio, mientras los gobiernos no se centren en prácticas concretas, y además consensuadas, que activen los principios de derechos humanos, igualdad y sostenibilidad. Las carencias de gobernabilidad democrática, que han de basarse en el estado de derecho, el cumplimiento de leyes internacionales, y en los principios de inclusión y participación, para un mundo globalizado son tan manifiestas, que las personas apenas contamos nada.

               Por consiguiente, hemos de superar viejas costumbres destructivas impulsadas por gobernanzas usureras, tanto para la población actual como para las generaciones futuras, lo que requiere con apremio una mundialización ciudadana, centrada más en el planeta y en sus moradores que en intereses particulares o productivos, lo que requiere ocupación y dignidad del individuo en la era digital, con incentivos al espíritu copartícipe y a esta virtud cívica. Al fin y al cabo, no nos interesa un desarrollo económico insolidario y depredador, sino más bien un crecimiento humanista ciudadano, en respuesta al histórico llamamiento del Secretario General de la ONU en la Cumbre del Milenio 2000 por un mundo “sin miseria y sin miedo”, en el que se fomente una auténtica concordia como derecho humano fundamental.  En consecuencia, las futuras gobernanzas planetarias, han de ser de servicio y colaboración para toda la humanidad, puesto que han de propiciar ser una familia, tan unida como indivisible. Por eso, nada de lo que le ocurra a alguien nos debe dejar indiferentes. Tampoco cabe la resignación, máxime cuando sabemos que el amor lo transforma todo. Luego, amémonos sin etiquetas.

                Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
4 de marzo de 2018.-

 
     
     
  LA APUESTA POR LA FAMILIA HUMANA  
     
 

                
               Me gustan las gentes que sonríen de corazón a pesar de sus pesares, aquellos que hacen el propósito de mantener una actitud de disponibilidad, de comprensión y benevolencia hacia nuestros análogos, siempre dispuestos a apoyar labores solidarias que nos encaminen en la buena dirección, al bienestar social que todos nos merecemos. Ciertamente, vamos a necesitar de un cambio profundo. Quizás, más pronto que tarde, deberá llevarse a cabo en este mundo globalizado como jamás. Para empezar, considero prioritario una economía más respetuosa con el ser humano y su entorno. No se trata de un crecimiento del consumo material, sino de una evolución más interna, para poder dignificarnos y fraternizar esa visión humanística, donde nadie quede relegado, sino reintegrado en ese avance de familia humana. Por tanto, no podemos desprendernos de los vínculos, de ahí la importancia de apoyar la labor de la comunidad internacional orientada a engrandecernos como ciudadanos pensantes, a través del pleno empleo y del trabajo decente, la igualdad entre los sexos y un desarrollo equitativo más justo, tanto en el aspecto monetario como en la esfera cultural y ética.

               No caben estas tremendas usuras y desigualdades entre la familia humana. Precisamente, en la actualidad, el motivo principal para migrar está ligado directa o indirectamente a la búsqueda de un empleo digno. En este sentido, la Organización Mundial del Trabajo (OMT) calcula que unos 150 millones de trabajadores son migrantes —es decir, un 4,4 por ciento de la mano de obra mundial—, de los cuales el 56 por ciento son hombres y el 44 por ciento, mujeres. A nivel mundial, los trabajadores migrantes tienen una tasa de actividad más alta que los locales: un 73 y un 64 por ciento, respectivamente.  Bajo estos datos, tenemos que aprender a no quedarnos pasivos ante nada, puesto que todo es patrimonio común de la familia humana, tanto por mar, como por tierra o aire. En consecuencia, hemos de buscar entre todos, por toda la faz del planeta, que cohabiten entre nosotros atmósferas más equitativas. Con la equidad el espíritu es otro, cuando menos más armónico. Si, como se ha visto, el espíritu olímpico es el símbolo más importante de la paz en el mundo; también la mano tendida y reconciliada  puede ayudarnos a hacer familia y, por ende, a encontrar el camino de lo justo, ya que este aliento global no se tradujo todavía en una nueva era de prosperidad colectiva.

               Cuesta admitirlo, máxime sabiendo que los únicos gozos auténticos son los que provienen de vivir en comunidad, compartiendo. A propósito, ya el inolvidable escritor colombiano Gabriel García Márquez (1927-2014),  no perdía la esperanza y pensaba que todavía no era demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra; y, verdaderamente, yo también así lo pienso. A mi juicio, esto sucederá el día que nos rijamos por el orden impreso en la conciencia humana. Se trata de que abandonemos el territorio de confort o el de la indiferencia, para poder donarnos, colaborando y cooperando cada uno, por el bien de los demás. Desde luego, es una lástima que aún no hayamos aprendido a hacer familia con el corazón, aparte de garantizar un trabajo decente y útil para todos, que es lo que realmente injerta una protección adecuada a los hogares, elemento esencial de cualquier desarrollo económico y social sostenibles.

...............Para desgracia nuestra, el informe de referencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) muestra que si bien la tasa de desempleo mundial se está estabilizando, el desempleo y los déficits de trabajo decente se mantendrán, en este año 2018, con niveles persistentemente altos en muchas regiones del mundo. Deberíamos, pues, afrontar los desafíos del mundo actual con más coraje y capacidad de análisis crítico, ya que pueblos y ciudades bien gobernados y administrados son el camino hacia el ansiado desarrollo sustentable y sostenible. De entrada nos anima que la equidad de género y la unidad mundial, se haya ubicado en el centro de la agenda de la ONU para este ciclo. Algo puede ser todo, no lo olvidemos.

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
11 de febrero de 2018

 
     
     
  LA ÉTICA DE LOS COMPROMISOS  
     
 

               En este mundo, no sólo cabemos todos con sus diversos rostros y multitud de rastros, también estamos llamados a confluir en un mar de entendimiento, mediante un encuentro sincero de individuo a individuo, que nos lleve con una actitud humilde a saber aprender de los demás. Verdaderamente, nuestra concordia está supeditada a la colectividad de la que somos parte exclusiva, sin obviar el todo necesario e imprescindible del que también formamos porción. Por ello, nadie puede quedar excluido. Las barreras del encierro y la marginalidad no tienen sentido alguno. Todos nos merecemos la oportunidad de poder desarrollarnos como personas, máxime en un momento en el que estamos interconectados a través de las tecnologías.

...............Ahora lo que hace falta es que esta interconexión, sirva como estímulo creativo para encontrar los caminos adecuados y propicios para humanizarnos, pues aunque estamos en la era del conocimiento y la información, tenemos que decir no a tanta falsedad sembrada, a una economía sin alma, donde lo que impera es el poder del dinero y que seamos productivos en esta sociedad de mercado. Quizás tengamos que aprender a reflexionar. Y con ello, a pasar de los modales en el decir, a la ética de los compromisos; a ser más responsables en la acción y más coherentes en el hacer. Por otra parte, tenemos la oportunidad de ofrecer otras moradas más solidarias, con el retorno a un orden social más equitativo, concienciándonos de que todo ha de estar en favor del ser humano. Aún tenemos cerca de cinco millones de niños en el mundo que padecen desnutrición aguda grave y cerca de cuarenta millones de personas carecen de acceso a agua potable. Estos son los tristes datos, que refrendan nuestra pasividad y falta de coraje.

...............Algunos partidos políticos hambrientos de votos juegan a la confusión, llegando a normalizar algo tan deleznable como el odio. Lo que menos le interesa es la ciudadanía. Estimo, por tanto, que la política ha de ser más poética, o sea más de servicio desinteresado, y así podremos encauzar otro orden existencial más justo. Por desgracia, estamos cosechando un futuro lleno de incertidumbres que nos afecta a todos, debido a las guerras, la variabilidad económica, el cambio climático y las desigualdades crecientes. De ahí, la necesidad de una ética responsable que nos encamine hacia otros horizontes más auténticos, lo que nos exige de otros cultivos más reeducadores, o si quieren rehabilitadores, destinados a hacernos pensar críticamente para poder discernir lo que más nos conviene, dentro de un universal camino de maduración en valores.

...............Confiemos que siendo la generación de jóvenes más numerosa que se haya visto en nuestra propia historia, y aunque buena parte viva en países muy frágiles y afectados por conflictos, y otros estén desempleados,  sepamos renacer sin postergar a nadie, estrechando lazos aunque sólo sea para ayudarnos a sobrellevar las cargas. En efecto, los jóvenes siempre están dispuestos al cambio y esto es bueno para construir la unidad, no la uniformidad, sino la reafirmación conjunta como especie pensante globalizada, que ha de comprenderse bajo el techo de la diversidad.

...............Ante esta realidad, es el momento de jugar limpio, de comprometerse y rechazar cualquier signo de fanatismo vertido hacia sociedades cada día más multiétnicas, multirreligiosas y multiculturales, que lo que hacen es enriquecernos para iluminar y renovar el mundo. Escuchémonos todos. Promovamos diálogos verdaderos. Analicemos situaciones. A veces nos sorprende quien menos pensamos. No sólo hay que indignarse hace falta también implicarse e involucrarse. Mientras las naciones más ricas del mundo debaten sobre política migratoria, Uganda se ha convertido en uno de los países del mundo que más refugiados acoge. A Uganda llegan, cada día, quinientas personas, huyendo de la hostilidad y la persecución en países vecinos. Ellos sí que nos dan una lección de fronteras abiertas.

...............Sin duda, es tiempo de obligarnos. En ocasiones, somos demasiado autocomplacientes. Reconsideremos nuestro modo de actuar desde una ética más racional, algo previo para poder renacer de estas cenizas que entre todos hemos desparramado por el planeta. Desde luego, hay que atreverse a encontrar los nuevos puntos de coincidencia entre humanos, los nuevos símbolos que nos entusiasmen, y a partir de aquí, el acompañamiento será más llevadero, más necesario, si en verdad nuestro compromiso por el bienestar de nuestros semejantes es tan real como serio.
 

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
31 de enero de 2018

 
     
     
     
  AUSENCIA DE REFERENTES HONESTOS  
     
 

              
               Nunca es tarde para reconducir existencias y, por ende, también podemos reinventarnos otro orbe más humano y habitable. Querer es poder. Quizás sea importante recuperar entornos más virtuosos para poder huir de las mil esclavitudes que nos acorralan en el momento actual. A mi juicio, lo prioritario es rescatar tantas dignidades perdidas, cuestión que merece la pena alentar, junto a la ética, la solidaridad y el bien global, abecedarios que deberían estar en el centro de todas las políticas y de todos los gobiernos. No olvidemos que gobernar también es rectificar cuando haya que hacerlo.

...............Hoy más que nunca es preciso activar lo auténtico, tanto en individuos como en instituciones, volver a lo decente hasta consigo mismo. En el fondo, las crisis surgen precisamente por esa ausencia de virtudes y de referentes en nuestra concepción de la vida. Por eso, es el momento de dejar de pisotearnos unos a otros, de planificar una recuperación digna para los humanos, de reivindicar la seguridad en el planeta, sintiéndonos más próximos para poder transmitir esperanza e ilusión por vivir. En la moderación, así como en el conocerse para poder reconocerse en los demás, está la buena orientación. A poco que reflexionemos sobre esto, nos daremos cuenta que mostrarnos pasivos ante los muchos sembrados injustos no es una virtud, sino más bien lo contrario, puesto que necesitamos tomar conciencia de que todos hemos de luchar por todos.

               En ese ayudarnos a caminar mutuamente, no tenemos tiempo que perder, es una lástima que la ayuda humanitaria no esté llegando a las personas que sufren lo imposible cada día para poder subsistir. Nos faltan referentes de sabiduría y nos sobran espíritus usureros en el mundo. Los diversos líderes, junto a los moradores del planeta, han de propiciar el destierro de toda explotación, opresión y persecución de seres humanos. Nos merecemos coexistir en unidad. Debemos mostrar, sin desfallecer en momento alguno, que cada latido humano por insignificante que nos parezca, merece consideración, independientemente de su cultura, religión, ideología y origen étnico.

...............Ahora bien, prudencia con los salvavidas que suelen fabricarse en tiempos difíciles, que en lugar de arrimar el hombro, suelen servirse de  la situación para poder trazar su propia línea de venganzas. Cuidado con permitir que nos anestesien y nos impidan ver los verdaderos horizontes, que casi siempre están donde menos pensamos. Desde luego, jamás estarán en los activistas de la desproporción económica que sufrimos en la actualidad, donde un pequeño grupo de privilegiados ostenta más del 80% de la fortuna. De continuar por estas avenidas sin alma, estaremos creando esa cultura del descarte de la que tanto habla el Papa Francisco, y que debiera ser ya historia de nuestra historia pasada. No repitamos las torpezas de otro tiempo, las inútiles contiendas que tanto nos han destruido para volver a empezar. Progresemos en la conciencia de  la libertad. Seamos obreros del verso en el tajo del camino, cuando menos hagamos el propósito de serlo.

               Sea como fuere, el ser humano demanda de otros organizadores con sentido global, capaces de sentir la existencia humana como algo que se ha de vivir en comunión, desde el diálogo y la escucha permanente. Por desgracia; nos hemos acostumbrado a etiquetarnos, a recluirnos en islas de usura, a no equilibrar las políticas del mercado laboral, fomentando la exclusión de las finanzas, y obviando niveles mínimos de gasto social, sobre todo en salud y educación. Así no podemos continuar, bajo las alas de ese espíritu putrefacto viciado y avasallador.

...............En otras palabras, la corrupción exacerba la desigualdad, y provoca un efecto en cascada: la interacción entre una y otra alimenta el populismo, de acuerdo con un análisis publicado hace poco por el grupo de lucha contra la corrupción Transparency International. Dicho lo cual, nos llena de expectativa que instituciones internacionales, como el Fondo Monetario Internacional haya pensado que “si no se le ponen riendas, la corrupción es como la hidra, aquella figura mitológica dotada de la virtud de regenerar dos cabezas cuando se le cortaba una”. Indudablemente, es a partir de la honestidad y del sentido responsable, como podemos avivar ese cambio de expresión fraterna que hoy el mundo pide para poder convivir armónicamente. De lo contrario, nos hundiremos en el vacío, en la más tremenda de las soledades, en el aislamiento y la sinrazón de vivir juntos, entre los ciegos muros de una endemoniada indiferencia.

 

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
corcoba@telefonica.net
4 de febrero de 2018.-